“El hombre nació en la barbarie, cuando matar a su semejante era una condición normal de la existencia. Se le otorgo una conciencia. Y ahora ha llegado el día en que la violencia hacia otro ser humano debe volverse tan aborrecible como comer la carne de otro.”

-Martin Luther King

Sus incongruentes susurros reverberaban amenazantes entre los pesados pasos de la compañía y sus furtivas miradas se distinguían como luminosos puntitos en la oscuridad. Contó nueve. Nick hizo otra lenta pasada con la linterna y ellos tuvieron cuidado de mantenerse en la sombra. En el suelo, otro cadáver a medio devorar. Tres brazos y media pierna. Al parecer no había mucho para cazar aquí abajo.

-Aquí. -La voz de Lancard fue la primera en interrumpir el vibrante silencio desde que entraran en el túnel, hora y media atrás. Se reunió el grupo de artificieros, comprobaron el mapa y el muro y una vez satisfechos, comenzaron a excavar con cuidado el nicho y a preparar la bomba. Mientras, el resto vigilaban expectantes ambos lados del túnel. Lancard se acercó a Nick.

-Bien, una vez esté eso colocado seguiremos avanzando durante medio kilómetro mas y descansaremos.

-¿No podemos descansar aquí?

-¿Al lado de esa mierda? -Señaló el paquete que, con sumo cuidado, colocaban entre dos hombres dentro del agujero que habían excavado. -Los chicos dicen que tenemos que mantenernos a doscientos metros por si la carga estalla por cualquier motivo. Yo quiero dejar medio kilómetro.

-Está bien. ¿Y después?

-Nos quedarán aproximadamente tres kilómetros y medio. Entraremos por el sótano, excavando porque una explosión se revelaría nuestra posición a quien estuviese cerca.

-¿Y esta no revelará la de los del grupo tres?

-Sí, pero ellos salen en una zona muerta y son el doble. Nosotros no sabemos dónde nos estamos metiendo y somos pocos.

-Señor, la carga está lista. -Informó el ingeniero.

-Bien, en marcha entonces. -Mientras formaban en columna, Nick contó veintitrés puntitos.

Liberados de sus opresivos trajes, los soldados descansaban y estiraban, aprovechando el calor del generador que mantenía estable el campo de Koch para calentar agua y comida. Nick, pese a que le hubiese gustado estirar las piernas, se unió a los diez soldados que, todavía embutidos en sus trajes, hacían guardia a diez metros de allí. Algo no le gustaba. Empezó a contar los puntitos luminosos y se perdió alrededor de los cien, no habiendo contado ni la cuarta parte de ellos. Los demás soldados también se mostraban intranquilos. Pasó la linterna lentamente una vez más. Un chasquido, un grito, y uno de los mutantes se abalanzó sobre el soldado que tenía Nick a su derecha. Un movimiento, una ráfaga y voló hacia atrás con la misma velocidad con la que se había lanzado, pero muchos decidieron seguir su ejemplo. Nick se comunicó enseguida.

-¡Pierre, se acabó el descanso! ¡Nos atacan!-Cambió el canal para comunicarse con los servotrajes operativos. -Contenedlos, no dejéis que atraviesen el campo o los chicos están perdidos.

Atacaban en masa, con miedo y sin ningún tipo de organización. Eso hacía que cayeran rápidamente, pero por puro peso numérico la defensa se veía obligada a retroceder para evitar el fatal contacto cuerpo a cuerpo. Ocho metros, seis metros, cinco metros, los mutantes iban ganando terreno; terreno que rápidamente se llenaba de trozos, de cadáveres y de los ríos de casquillos que emanaban de los rifles.

-Pierre, ¿cuanto tiempo mas necesitas? -No hubo contestación.-¿Pierre? -Nick se giró brevemente. El límite del campo era opaco y no permitía ver lo que había dentro. Oh mierda. El campo interfiere con la radio. Un fuerte golpe empujó a Nick un metro más atrás. El responsable, un gigantesco hombre con cuatro brazos. Del costillar derecho sobresalía una especie de planta que palpitaba. Levantó el rifle y una ráfaga atravesó el deformado rostro del ser. Éste sin embargo, lejos de morir, se enfureció lanzándose hacia Nick y blandiendo sus cuatro puños con mortal fuerza. Golpe, paso atrás, ráfaga. Finta, ráfaga, golpe, paso atrás, ráfaga. Nick tropezó con una piedra, tambaleándose y el gigante aprovechó para abalanzarse sobre él, rodando los dos dentro del círculo del campo antirradiación. El resto de la compañía observaba anonadada el forcejeo entre Nick y el gigante hasta que un disparo atravesó la palpitante planta del monstruoso ser y éste dejó de moverse. Nick se levantó rápidamente, se giró, abrió la escafandra y gritó.

-¡Moveos! ¡Poneos vuestros trajes! -Demasiado tarde, los mutantes empezaron a atravesar el campo. Los soldados rápidamente cogieron sus armas y se metieron en la refriega. Sin embargo, a carne descubierta, eran demasiado vulnerables como para llevar a cabo las tácticas de combate que habían aprendido. Pronto se empezaron a unir cadáveres humanos a los cadáveres de los mutados.

La mitad formaron un círculo de contención alrededor de la otra mitad, que se ponía los trajes, con la idea de que los segundos sustituyeran a los primeros una vez se los hubiesen puesto. Así hicieron. Sin embargo, para cuando los mutantes lograron romper el círculo y uno consiguió electrocutarse contra el generador, desestabilizando el campo de Koch, solo unos pocos de la primera mitad habían logrado ponerse bajo la protección del traje.

Sesenta y dos hombres cavaron la pared del sótano del hotel y la fosa en la que fueron enterrados los que murieron o bien a manos de los mutantes o vomitando sangre. Subieron por los distintos pisos del garaje, sembrado de coches destrozados y de mutantes moribundos, hasta llegar al vestíbulo. La luz del día atravesaba tensa el polvo, iluminando el amplio pasillo arrasado y abrasado, irreconocible.

El grupo se había repartido las ventanas por parejas, turnándose las guardias, con órdenes de informar antes de disparar. El hotel estaba limpio. No había nada ni vivo ni muerto. Eso daba que pensar. “Clyde” y “Gutter” habían caído. Vladimir, Steinheimer, Nick y Pierre se sentaban en silencio alrededor de una mesa, esperando; imaginando qué estaba pasando al otro lado de la ciudad, donde el grupo uno llevaba a cabo la operación de la que dependía la coordinación de todos los grupos y la única forma de saber qué demonios tenían que hacer. La voz de Vladimir rompió el silencio.

-¿Y si fracasan?

En ese momento sonó un pitido largo en todos los comunicadores, seguido de tres cortos. La señal. En seguida Nick conectó el comunicador largo.

-Aquí Nick, estamos en posición. La zona esta limpia, esperamos órdenes. -Ruido estático.-Aquí el comandante Nick, estamos en posición. La zona esta limpia, esperamos órdenes. -Entre el ruido de interferencias se escuchó una voz, entrecortada.

-…horroroso… comiéndose a todos… C7… no podemos salir… repito, seis supervivientes… masacre… abandonen la misión… ¡AYUDA!

Ruido estático.

La guerra es una masacre entre gentes que no se conocen, para provecho de gentes que si se conocen pero que no se masacran.

Paul Ambroise Valéry

Un Comentario

  1. diiiiiiiios, que zombie todo..da miedo el final!


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